ABOUTADES : THE BAND

 Ya hace demasiado que este espacio acusa de un estado que, lejos de la menor lógica aplicable, servidor sólo podría definir como "latente". La cadencia es inexistente y todo se limita a que aparezca "algo" cada tanto de forma completa y absurdamente inexplicable a fin de derribar los cimientos sociopolíticos de occidente y molestar a tod@s los que pueda en general. Esto es así. Partiendo de dicha premisa, y de forma tan imprevista como gratuita, recupero la sección "aboutades" con un texto a colación de una banda de rock de esas que ocupan el panteón de las más grandes desde... siempre. Recordemos que esto de las "aboutades" no deja de ser un texto a favor (o en contra) de algún ente creativo cualesquiera abordado desde una visión general y personal que podría resumirse, sin tanta turra, como un "esto me gusta (o no) porque...". Y señalemos, para la ocasión y finalmente antes de entrar en materias, que hoy no trataré sobre cualquier banda, precisamente. Sino, atención, sobre La Banda. Nada menos, si. 

¿Y por qué ahora, hoy, esto?. Pues algo tan falto de misterio como el embutirme de nuevo el Classic Albums dedicado a su segundo e histórico disco. Sin más. Y aunque ya lo había visto en un par de ocasiones lo cierto es que, caray, cómo se agradece siempre recuperar todo lo que tiene que ver con The Band. O por lo menos todo lo que tiene que ver con sus años dorados, más allá de amarillismos y salseos de todo tipo. Porque algo tuvieron estos cinco tipos a lo que, por más tiempo pase, resulta imposible encontrarle iteración alguna en el medio rocanrolero. No a este nivel, al menos y si se quiere puntualizar. Y no se trata de que sean mi banda favorita, la séptima o la onceava (aunque en una terna de bandas predilectas de siempre me iban a aparecer por narices, por supuesto). Es más bien como una certeza, una marcadísima sensación indeleble que me proyectan siempre que me cruzo con ellos. Y es que ninguna banda como The Band proyecta una sensación tan de simple y pura celebración, de desatada y honesta libertad. Directamente. Por atribularios que sean el solista o la formación a recordar, nadie se engañe nunca: los músicos tampoco son completamente gilipollas. Quieren salirse con la suya. Sea por la vía onanista de dar vida a su original creación y presumir de ingenios y virtuosismos, o bien, por el viejo y transparente afán del forrarse sin más y con  mayor o menor reticencia a la fama medie (generalizando en ambos casos, quede claro, y sin obviar el reverso de profesionalidad que también rige como volante... o puede hacerlo, al menos). En oposición, y siempre desde impresiones propias, Levon y los cuatro canadienses parecen flotar extrañamente por encima de ello. Su manera de atacar la música, bandolera (en efecto), en modo "todos a una", más propia de cuatreros que de academicismos pareciera, les otorga una dimensión distinta y bien diferenciable. Una "banda", desde luego. Pero para bien. Para lo mejor, en verdad. Esa manera de envolver con coros donde tanto se huye de lo homogéneo para que toda voz tenga la oportunidad de expresarse, sin limitaciones de tipo alguno, se conecta también con la forma en la que cada miembro interpreta su instrumento... Sentimiento, virtuosismo, variedad... Ello y tantísimo más alcanzando unas cotas de veracidad sin parangones. Y sí, los dos primeros discos son leyenda, pero todo, desde su periplo con todos los miembros titulares a bordo, debe atesorarse: los cinco de estudio, el de versiones, el par de directos... y hasta el de los descartes, qué narices. Pues es imposible, directamente, encontrar a cinco tipos con tanto talento individual remando a la vez en la misma dirección y sin sacrificar un ápice la proyección de su personalidad en la música generada. Pues The Band, y ese es su gran y único misterio al fin, no tiene líderes, "sólo" aportaciones en paridad de importancia. Y, ya para terminar, no me imagino a ninguna otra formación de la historia del medio que merezca llevar ese nombre, con las mayúsculas, como ellos. Y, básicamente, porque no la hay.