"BLUE HEARTS": EL IMPRESCINDIBLE RETORNO DE HÜSKER MOULD

  Apenas una semana después de alcanzar su sesenta aniversario, y mientras medio mundo se pelea por dejar bien claro en todo forillo se cruce lo buenísimo o remalo que és más allá de toda duda el nuevo disco de Springsteen/Costello/Young/Dylan/Weller/Tweedy y la madre que los parió a todos juntos, el muy honorable Sr.Mould bien puede haber presentado el mejor disco de su carrera en solitario. Tal cual. 

Tampoco es que el legendario ex-Hüsker Dü haya decidido que los sesenta son los nuevos veinte. No sería justo ni preciso, que este hombre ha repartido guitarrazos siempre y bendito sea por ello. Pero su acercamiento a los matices poperos, aún sin renunciar jamás del todo a un octanaje eléctrico importante (tampoco sabría ni quiere), que riegan parte de su legado parece considerablemente menos en esta ocasión. O todavía menos, si se prefiere. "Blue hearts" te pone una breve entradilla acústica en su tema de apertura para que te confies y desde ahí, venga, a degüello a base de temas de dos minutos donde melodía e intensidad se disponen en unos baremos de efectividad quirúrgica que, en definitiva, asentó él en importante medida y quieras que no. Representa además este nuevo álbum una cúspide, un punto esperemos que "y seguido", para una retahíla de trabajos magníficos -5 en total- que de alguna manera empezara con aquel "Silver age" del 2012. Mould completa así, en pleno 2020, un repóker de trabajos que deja con el calzón bajado a varias generaciones de bandas y músicos que, de forma más o menos evidente, juegan (o pretenden jugar) cartas similares a las del hacedor de "Warehouse" y "Copper blue". 

Y quizá, por qué no, ya de entrada conviene señalar la mala leche del disco, la rabia que es evidente y que tan creíble resulta por ente firmante y actualidades por asquear y apuntar varias. La inmediatez se hace dueña, catorce canciones en 35' y sólo una por encima de los 3, y sumando una cosa y otra tenemos al fin un disco que se escucha del tirón en un suspiro y que te condena a volver a la casilla de salida una y otra vez sin remisión a poco se comulgue con formas y registros expuestos. Es acabar la engañosamente más calma de primeras "The ocean", que ya es de ser chulo acabar un disco igual que Zep, y de forma natural, sin saber muy bien cómo, ya está sonando de nuevo la acústica de "Heart on my sleeve". A decir verdad, aunque estemos en otros tiempos y otro mundo, no cuesta demasiado apostar que este disco tiene que ser, perentoriamente, el disco donde aquellos que se quedaron especialmente prendados con Hüsker dentro de la larga singladura "mouldiana" encontrarán aquí su gran tesoro posterior a la mítica formación que, recordemos de ser menester, se inventó aquello de "melódico"  para apostillar a la combativa y ochentera etiqueta "hard core". Y no faltan los himnos inmediatos, "Little pieces" o "Everything to you" son bastante incontestables a modo ejemplo, para solaz de los que atesoramos el breve pero primordial periplo de Sugar como algo de lo mejor que le ocurrió al rock noventero. Pero a qué engañarse: "Fireball", "When you left", "Next generation" o "Password to my soul" harán desenpolvar una vez más los discos de la banda primigenia de tantas cosas en varios miles de domicilios del planeta. Que ya es lo que tienen "los grandes", claro... A veces, cuando nadie o pocos se lo esperan, se desayunan medio bien y te clavan el disco de guitarras del año (o hasta que lo contrario se demuestre al menos). Y por cierto, ok,  ya nos estás dando bien a tod@s por donde los pepinos amargan puto 2020 pero, mira, con el grandioso Sr. Mould te has topado, cabrito. Algo realmente bueno, con sangre de verdad y de nuevo al fin. Mis onces.