Como adicto, quizá enfermo (por qué no), del sub-género llamado "rockumental", creo tengo bastante claro a estas alturas que el ofrecer un documento/producto en ciernes que, REALMENTE, alcance la vitola de lo plenamente recomendable sin reservas medien se antoja algo muy, muy complicado. Lo que sigue ya lo he comentado alguna otra vez en éste mismo sitio pero, si, creo que (precisamente por lo que precede) se debe incidir en ello...Y es que ya mismamente las variables mil en base a los gustos y querencias del quién -y el qué- contempla convierten, desde la misma premisa inicial, el asunto en rehén de una objetividad directa y plenamente imposible. Además, siempre está el hecho de que, en definitiva, un documental (o bio-documental, rockero o no) no deja de ser también una ficción donde los actores, sencillamente, hacen de si mismos ofreciendo una visión (para bien o/y mal) completamente parcial. Sólo queda pues, en efecto, aplicar una confianza ciega a que el realizador tenga un punto de vista que encaje con las expectativas personales de cada uno... Que deje de lado (o no) los aspectos ajenos a la leyenda para centrarse en temas más personales; que se centre (o no) en la obra editada y conocida pura y dura, pasando de procedencias y génesis del artista; que aporte (o no) un carrusel de variopintas opiniones que van desde la viuda, pasando por el repartidor de leche, para llegar al periodista de turno que parece, en algunos casos, viva enclaustrado en este tipo de productos... Considerable etcétera. El ansiado equilibrio siempre será pues de una subjetividad galopante, por pura inercia y condición. Pasa, eso sí, que de vez en cuando te cruzas con algo como el documental "Nothing can hurt me" con la singladura de Big Star (ya aquí abordado tiempo ha) o, por supuesto, éste magnífico "Gimme danger" de hoy a costa de los sacrosantos Stooges y es entonces, -oh brothers & sisters, incluso-, donde todos los prejuicios y diretes nos van importar entre exactamente poco y definitivamente nada. O quizá algo menos.
Jarmusch es un grandísimo cineasta y, obviamente, un grandísimo fan de los Stooges. Y se notan ambas cosas. Que no les engañe lo que puedan escuchar o leer, la estructuración y planteamiento de este "rockumental" está tan por encima de la media que, de hecho, ni vislumbra de lejos ese ecuador imaginario que nos separa el documento válido del mero panfleto. Imposible que esté todo, pero el todo que ya sabíamos está, algo de lo que no también, las imágenes de archivo no faltan y, entre muchas otras cosas, que el grueso de la narrativa -y recuerdos- corran por cuentas del propio Iggy (especialmente y cómo no), de los Asheton (en paz nos descansen ambos monstruos -y qué pena que Scott no llegase a ver estrenado el film-) o de James Williamson, es algo que nos hace sumar el tema hasta lo enteramente estimable y de pleno. Toda la vida artística de la formación que se nos enseña, en conjunto y en sus distintos capítulos, queda intachablemente retratada, lo mismo que su impronta en la historia, la influencia que genera para un sindiós de músicos... El encuentro con sus también imprescindibles compinches de promoción, estilo y lugar Mc5, el cambio a las seis cuerdas de Ron (uno de los momentos más felices de la historia rockera toda) antes de la llegada de James, el reencuentro y reconocimiento masivo (al fin) sobre tablaos desde algún momento de la década pasada, el adiós de Dave o, ni qué decir, las inagotables y variopintas movidas mil de Mr. James Newell Osterberg, Jr... Todo se hace su espacio y lugar en "Gimme danger" de una manera fluida, en su medida justa, y hasta darnos una visión global de la importancia y grandeza "estuchi" que no por ampliamente conocidas dejan de resultarnos satisfactorias. Los jodidos Stooges, siempre lo indecible de más que perros y búsquedas con destrucciones, aquella fuerza telúrica sin medidas ni contemplaciones que arrasó con todo a su paso, y pasando de reconocimientos y claudicaciones en el proceso... No hay documento, aún contradiciendo todo lo que aquí se explica de forma tan ex profesa, que les pueda hacer justicia del todo seguramente, ok... Pero "Gimme danger" es un goloso festín que, no se dude, se alza al fin en indispensable por el pulso y oficio (y cariño) de quien lo firma y (de cajones ello) por el puro y duro magnetismo de la tan legendaria formación que lo protagoniza. Obligatorio para cualquier amante de "esto de las guitarritas" que respete un mínimo la historia del medio (y a si mismo, ya puestos), y a qué más.
