"Rough and rowdy days" / BOB DYLAN (2020)

 "Antes que el diablo sepa que has muerto" es un estupendo film del ya desaparecido y muy honorable realizador Sidney Lumet. Film éste, el último de su larga trayectoria, que viera estrenado a sus ochenta y tres años, nada menos y por cierto. Film éste que, además, resulta una rotunda bofetada a prácticamente todo el cine comercial (y no tan comercial) yanqui del milenio en curso  hasta hoy. Y film éste que, ya que nos ponemos, supuso y supone una lección magistral de cine negro que logra empatar con grandes cimas pasadas del género a un nivel inencontrable en los últimos muchos lustros desde su medio... "¿Dónde va este abuelete ahora?", "¿qué necesidad tiene?", y/o similares que pudieron haber sido entonces los prejuicios aprioristas (paliados en gran medida, y no nos engañemos, por haberse estrenado muy poquito antes de la eclosión total de las RRSS y sus circunstancias). Pero claro, al final es un film éste dirigido por alguien muy, muy bueno. Realmente bueno de los de verdad y que integra en su seno algunos momentos de maestría, en forma y ejecución, sencillamente impagables para un sindiós de amantes del cine y su historia. Sin más.


"Rough and rowdy days" es un estupendo álbum del músico norteamericano Bob Dylan aparecido en 2020. Álbum éste, el último de momento de su larga trayectoria, que dicho músico ha visto editado a sus setenta y nueve años, nada menos y por cierto. Álbum éste que, además, resulta una rotunda bofetada a prácticamente todas las producciones vinculadas de alguna manera al espectro del pop-rock de las "majors" (y no tan "majors") del milenio en curso hasta hoy. Y álbum éste que, ya que nos ponemos, supone a su vez una lección magistral en una manera de interpretar y entender la música popular que logra empatar con grandes cimas pasadas del género a un nivel inencontrable en los últimos muchos lustros desde su medio... "¿Dónde va este abuelete ahora?", "¿qué necesidad tiene?", y/o similares (y a contar por docenas y docenas para la ocasión, que aquí sí encontramos ya esas "circunstancias" de antes), que han sido y son los prejuicios aprioristas. Pero claro, al final es un álbum éste registrado por alguien muy, muy bueno. Un gigante sin parangón o muy poco menos en realidad y de los que se cuentan con los dedos de una mano entre lo grandes hacedores de la música popular desde la segunda mitad del siglo XX y hasta fecha presente... Por ende, en efecto, es un álbum éste que integra en su seno algunos momentos de maestría, en forma y ejecución, sencillamente impagables para un sindiós de amantes de la música y su historia. Pero, atención, que aún hay más... 

Pues mucho es lo que se ha opinado YA en innumerables medios y maneras para bien, mal y todo lo que en medio queda de este "Rough and rowdy days". Álbum que lleva oficial y actualmente en el mercado cuatro días y una poca de propina, todo lo más. De hecho, independientemente de la postura a favor o no y como ya ocurre a veces cuando la obra de según quien oficia de objeto de odios y deseos, uno no puede evitar esa sensación de que demasiadas más que algunas opiniones/reseñas/críticas (etc) ya estaban escritas mucho antes de escuchar una sola nota del elepé. Esto, dicha sensación, es así. Y da asco, sí, pero lo sigue siendo. Por desgracia, claro, esta lo otro. El no poder uno ser humano y aunque, y de verdad que se lo prometo a tod@s, el plan original era dejar pasar unas pocas semanas antes de encerrarme con el disco y darle las oportunas escuchas,-convulsivas y no-, antes de sintetizar un veredicto propio, más allá del multicolorido torrente de dires y diretes actual, al final, pues sí, qué narices... "he caído". Aunque, por otro lado, me alegro, claro. Y mucho, además.


Asumiendo, de base, que me parece perfectamente lícito (estaríamos buenos) la refractariedad  hacía el álbum que algunas gentes han reflejado con mayor o menor inquina, he de admitir que servidor no puede estar en un punto más opuesto a no pocos de los argumentos expuestos por algunas firmas (algunas muy reputadas) en dicha dirección. Es decir, desde una premisa democrática, con lo de las opiniones, los culos y demás, me parece fantástico que el disco, sencillamente, no guste a quien fuere. Otra cosa son los argumentos expuestos... Y hay auténticas zarandajas más arteras y pobres que el guión de la carta de ajuste. Tal cual. Me quedo especialmente con esa lectura, malintencionada de cojones, que pretende mostrar a Dylan como el yayo cuasi senil de la boda, tratando de hacerse el gracioso de la forma más rijosa y a base de apoyarse en tal o cual referencia actual en las letras de sus canciones (referencias que, para mayores inris, no superan a nuestro protagonista en impronta o importancia -a ver si atendemos un poco, algo, a de quien estamos hablando al fin-)... A ver, qué sí, que entiendo que la megalomanía desatada desde ni se recuerda en los primeros registros sumerios de según quien no la vamos a curar de golpe ya a estas alturas, pero... joder. Joder, con mayúscula además. Pero, veamos, es Él el que está dentro y proyecta hacia fuera, usted señor periodista/crítico/editor es el que escribe desde Fuera. Y, independientemente de lo alta sea la montaña en la que se haya autoerigido, sólo o con la ayuda de los cuatro coleguis de su club de cazador de setas dominical, siempre será así. Señalar eso, precisamente dicha cuestión, sólo le delata a usted y su necesidad imperiosa que todo esté en el sitio que le gusta para sentirse cómodo entre los mismos visillos y retales de toda la vida.. Usted es el rijoso en resumen y, en el proceso, es a su vez víctima fatal de lo que en jerga técnica se denomina un "rebota y en tu culo explota" de manual con dicha pseudoargumentación. Y otra buena es lo de las distintas sinonimias del tipo "es lo de siempre otra vez", claro... Y toda la razón, ni qué decir. Qué incontables seguimos esperando que aparezca ese disco de trip-hop con toques metaleros que Dylan nos debe y de una vez por todas... No hay derecho. 


Es ahora cuando explico, o recuerdo, mi deleitación absoluta con "New morning" como obra predilecta definitiva del músico. Me consta que no será el mejor y, seguramente, ningún dylanita de pro lo colaría en top alguno de favoritos, aún admitiendo siempre (eso sí) su innegable validez y activos a tener en cuenta. Tratando de resumir al máximo, la cosa es que cogiendo de aquí y allí, conociendo un algo la biografía que más o menos ha trascendido y la obra del ente creador, "New morning" es un trabajo que lleva y llega a muchos lugares: es su disco más alegre y soleado a mi entender, en el que abraza más a cara descubierta su reverso negroide, también el más desenfadado y, por no alargar, en el que se adivina un sentir global que, definitivamente, logra proyectarse desde su tan intencionado título... Y muchísimo más, sí. En síntesis, una cohesión entre contenido y continente que, para mi al menos, significa una lanza inamovible en la historia de esos discos de rock que, amén de sus elementos expositivos, logran "significar algo" en su conjunto. Y por supuesto que tiene truco el tema. Fue, cómo no, otro trabajo registrado en varias sesiones y con  varios músicos,  por lo que la agradecida espontaneidad e inocencia generada de primeras por ese disco de 1970 es algo que, no se dude, va mucho más allá de lo meramente matizable. Pero es  con el tiempo cuando entiendes que, en efecto, era el propio Dylan precisamente quien quería alcanzar ese significar: por tono y por las canciones elegidas. Si algo no le cuadra en el ya mentado global lo deroga de un plumazo y santas pascuas por enorme sea su triunfo fractal (y tirando de ese hilo, ya puestos, es donde encontramos la respuesta al manidísimo axioma del  "pero cómo puede ser que no pusiera tal animalada en tal disco", al tirar de bootlegs).  Siempre será más Hawks que Wilder y, en cualquier caso, lo de "estar atento al accidente" no va con él. Las cosas tienen que ser como las quiere presentar o, sencillamente, no serán. Visto de otra manera: con Bob Dylan te aseguras al menos que lo que te cuentan y escuchas pasa siempre de una manera única y concreta por una intención y motivo que parte inefablemente de un único y muy predeterminado volante (que no es sino lo que le salga a él de lo que toque cada vez). Y, para mi siempre al menos, el gran triunfo al final, lo que más me atrae de "Rough..." es que, de nuevo, logra plantear una sensación concreta, una inercia y entidad que es suya (de ese disco) y de nada más. 

El contenido. Todo. Lo que quieran y más. En algún momento de "Murder most foul", sin darnos cuenta, la tan épica spoken song ha pasado a ser cantada y ya sólo queda volver al inicio, a contener multitudes y disfrutar de un viaje de esos que uno ya no esperaba volver a recorrer. Si el acordeón de "Key West" es más masterpiece que la melodía de "Mother of muses" o al revés no importa demasiado (ambas son ya piezas maestras, de las indebatibles en el interminable opus del artista y sin exageraciones medien); tampoco lo hace el pelear por dilucidar cual debe ser nuestro blues favorito de los tres habidos en la colección (justo cuando uno se decide de una vez por todas entre el rubicón i el profeta, escucha de nuevo el adiós al legendario Sr. Reed y, en efecto, todo vuelve a reestructurarse en insolucionable bucle). La tan minimalista "Black rider", apoyada en sangrante apóstrofe, ayuda a cimentar los valores literarios que se le presuponen al Nobel para un disco que, por tener, tampoco se olvida de darnos soluciones diferentes como el lamento de aires souleros de "I've made up my mind..." o ese ponernos a Waits en la soundtrack de Twin Peaks por la curra y para su "My own version of you" (cultiven su propia imagen si esta no les gusta pero, vaya, imposible no acordarse del de Pomona aquí).


En adelante todo sería ya un festival de parabienes en sesión continua y al que no le acierto a ver un final medianamente cercano (¡ qué ni tan siquiera nos hemos zambullido un algo en las lyrics !). Lo dejo en que, sintiéndolo lo indecible por mi tan querido TTL del 2009, estamos, a mi entender al menos, ante el gran disco neomilenario de Dylan hasta hoy y uno que, éste sí y de verdad, podría acabar por hacerse un hueco hacia el final de un tan imaginario como estúpido top-10 de grandes obras dylanitas de siempre. Ibamos a ver un Eastwood pero nos hemos encontrado todo un Ford, nada menos y si así lo prefieren. Y sí, ya que hemos vuelto al cine: se confirma que hay quien puede hacer masterpieces con ochenta tacos (o casi y además de Lumet).